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SALTAR EN EL TIEMPO

No te consueles diciendo pasó lo que tenía que pasar. No te justifiques pensando Todo está en manos de Dios, pasará lo que tenga que pasar.

Eso es sólo para quién dejó su vida en manos de la misma línea del tiempo. 

Cuando tu conciencia crece, sabes que hay infinitas líneas del tiempo con realidades llenas de posibilidades y que cada elección te puede llevar a experimentar un salto cuántico... O a quedarte en tu destino, en la misma línea del tiempo, dejando a Dios de responsable y sintiéndote anulado en tu poder de co-creación.


No somos máquinas; somos fuentes vivientes de amor y creación, un humano conectado con su esencia, sabe hacer cada día diferente y vibrante.

¿Cómo salto? Aunque estamos llenos hoy en día de métodos y herramientas; su aplicación no es suficiente para que saltes; requieres estar en plena atención, al momento en que la vida pide algo diferente de ti. En ese momento, se abre la puerta de elegir una realidad más plena.


Sin embargo, el común denominador elige lo conocido, lo cómodo, lo correcto, aquello que le genera un premio por sus redes en esta realidad; y eso está bien, su constancia le llevará a su premio... Sólo que en la misma línea del tiempo.


Quien se arriesga a saltar, ¿que obtiene? Descubre su poder, se trasciende a sí mismo, se encuentra con la siguiente versión mejorada de sí misma, de sus redes y creaciones; saca un valor que desconocía y toma un mayor control sobre su destino, teniendo más posibilidades de sentir la tan anhelada plenitud.


Saltar en el tiempo no es para todos: los humanos asumen su destino; los dioses encarnados, crean su destino.

¿Cómo se nota que hemos saltado? Primero por los precios pagados, puede ser que dejamos atrás realidades, rutinas, espacios y personas a las que nos habíamos acostumbrado.



Son más notorios nuestros resultados, sentimos una expansión en el pecho, notamos una mayor templanza en la toma de decisiones, tenemos una reducción de la soberbia al pretender tener todo resuelto, pues nos sabemos en un multiverso retador, dónde nuestro corazón es la brújula para seguir el rumbo de la plenitud de nuestra alma.


Se nota porque ningún día es igual, porque la mirada está encendida creando, porque se valora la gota de lluvia y la flor que abre; se nota porque celebramos la realización de cada uno de nuestros reflejos en nuestras redes compartidas, en un matrix con una frecuencia dinámica y vibrante.


Se nota porque tenemos cada día un mayor desapego por todo, sabemos que en cualquier momento podemos volver a saltar y, al mismo tiempo, sentimos un profundo compromiso; porque a donde saltemos, nos seguiremos llevando a nosotros mismos con nuestros pendientes (karma), realizaciones y conciencia (dharma).


No podemos escapar a nosotros mismos, aunque saltáramos eternamente; así que aprendemos a quedarnos, hasta cumplir nuestras propias promesas del alma.


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